
El pasado Mayo en el extra de innovación de la revista “Capital Humano” apareció este artículo del fundador de la escuela Humberto Matas.
“La innovación está de moda (incluso pasada de moda para muchos). Pero en lugar de estarlo por las razones adecuadas, lo está porque su propia naturaleza difusa, la convierte en la cobertura ideal para rejuvenecer cualquier oferta que se sospecha obsoleta.”
Multitud de conferencias, cursos, masters incluyen el concepto en su imaginario, pero se limitan a hacer un hueco en el programa para hablar de innovación. Predican algo que son incapaces de practicar. Y lo hacen porque hablar sobre innovación es sencillo e impactante, pero innovar es doloroso e incómodo.
Especialmente si hablamos de formación, la mayoría de los modelos pedagógicos están basados en la transferencia de conocimientos, requieren la cristalización de las ideas y fórmulas que pueden ser fácilmente transmitidas de formador a alumno. Sin embargo, la innovación no se puede transmitir, tiene que emerger. En innovación no hay un contenido que pueda ser comprendido, hay un camino que debe ser explotado y experimentado.
Hablar de innovación es un ejercicio estéril si no se pueden sentir las emociones de pérdida, confusión, frustración, entusiasmo o placer que implica un proceso creativo. Nadie se puede imaginar un curso de cocina, aunque sea de nueva cocina, sin la posibilidad de cocinar, probar, degustar, corregir. Es fácil imaginar cómo estos cursos se organizan de forma natural en torno a fogones, hornos o laboratorios y no en torno a espacios de escucha pasiva. ¿Quién se fiaría de un cocinero que se hubiera leído todos los libros de recetas pero que nunca se hubiera quemado con una sartén?
Y sin embargo, ¿dónde están esos espacios en el ámbito de la innovación empresarial? Aún hoy la mayor parte de la formación en innovación se limita a hablar de procesos aplicados con éxito y, en el mejor de los casos, a hacer ejercicios para practicar alguna herramienta. Estamos formando críticos gastronómicos, no cocineros.
Por eso es justo preguntarnos si se puede hacer algo diferente para formar en innovación.
(…) La formación en innovación debe de alguna manera permitir la expereimientación lo más cerca posible de situaciones reales. Esto supone crear espacios de formación muy cerca de las empresas. Pero, ¿están las empresas preparadas para esto?
Un conocimiento fluido y cambiante que raramente puede cristalizarse, la imposibilidad de dibujar roles claramente diferenciados entre profesor y alumno en un campo donde los expertos o no existen o son efímeros, un espacio para la gestión emocional más que para la gestión de lo tangible, la posibilidad de experimentar casos reales de la mano de empresas que quieren innovar… A todos estos condicionantes debe enfrentarse una formación en innovación que pretenda ser rigurosa.
Y a todos estos condicionantes nos enfrentamos hace 3 años un grupo de profesionales de diferentes campos para intentar poner en marcha una escuela que les diera respuesta. De ahí nació h2i.
(…) Para inspirarnos visitamos y estudiamos lo que otras escuelas estaban haciendo y de ellos aprendimos dos cosas fundamentales. La primera es que un estudiante no es quien estudia sino alguien que tiene un estudio. No se trata de crear un espacio para “ir a clase” sino de de un sitio donde se está trabajando y experimentando. La segunda cosa aprendida es que la autogestión de la formación es un elemento fundamental en el proceso de aprendizaje. Trasladar realmente la responsabilidad al alumno, eliminando o difuminando al máximo la figura del profesor, genera unas dinámicas incómodas de gestionar pero muy enriquecedoras.
Otra característica peculiar de la escuela es la apuesta por las humanidades frente a la apuesta por la tecnología. Decidimos inscribirnos dentro de la corriente de la Innovación Centrada en las Personas porque nos interesaba especialmente trabajar el lado humano de la innovación. (…) En absoluto despreciamos la importancia de la tecnología, de hecho está muy presente en todo lo que hacemos, pero queremos incorporarla desde una comprensión más completa y compleja de las personas y las sociedades.
Lo humano no sólo está presente porque pensamos en los destinatarios finales de nuestros proyectos, también porque ponemos énfasis en humanizar los procesos de creación de los mismos.