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La innovación y lo nuevo

Últimamente hay algo que repito mucho a los alumnos de los talleres o de los cursos de innovación que impartimos; “no me gustan los debates de salón”.
Normalmente lo digo cuando empezamos a hablar sobre qué es la innovación, si la disruptiva, la incremental… Disponemos de 15 o 20 horas para trabajar sobre muchos conceptos, por lo que prefiero no perder el tiempo en esas discusiones. Simplemente, no me parecen relevantes. La innovación se hace, no se discute.
Sin embargo, cuando leo y estudio, sí que me permito estos devaneos teóricos que, la verdad, nunca me llevan a ninguna conclusión cierta, aunque sí me permiten explorar rincones y perspectivas que la pura práctica no me permite ver.

La reflexión más recurrente es sobre la definición misma de la innovación. Este viernes ponía un ejemplo de algo que hemos hecho en dnx y alguien me decía que eso no era innovar, que era simplemente arreglar un problema. Esto me ha llevado a pensar en la innovación y lo nuevo. Hay quien defiende que sólo existe innovación cuando esta es disruptiva, cuando se crea algo realmente nuevo que abre una nueva categoría o crea nuevos comportamientos en la sociedad.
Desde una perspectiva teórica esto es impecable, sin embargo cuando intentas trasladarlo a la práctica entras en conflicto con la definición de nuevo. ¿Qué es nuevo? ¿Tiene que ser todo completamente nuevo o sirven tecnologías y conceptos existentes aplicados a nuevas tareas? ¿Tiene que ser inédito en el mundo, en un país, en un sector o en una empresa? ¿Vale con que una sola parte sea nueva o tiene que ser nuevo todo lo que se cree? ¿Una empresa que lance productos completamente nuevos pero sin éxito comercial es innovadora o no lo es? ¿Existe la mala innovación, es decir la que fracasa, o sólo lo es aquella que es aceptada por sus destinatarios?

Me resulta muy difícil responder a estas preguntas sin tener que descartar grandes avances considerados socialmente como innovaciones.

Hace un par de años en una clase de creatividad que nos impartía David de Prado (sr) nos preguntábamos si la creatividad hay que juzgarla por el resultado (es decir, desde la subjetividad del espectador, de si algo es o no creativo para el que lo observa) o por la actitud a la hora de crear (es decir, por la subjetividad del creador, de si la intención era hacer algo nuevo y diferente). Yo defiendo esta segunda postura y la extrapolo al campo de la innovación, para mi la innovación existe siempre que hay una actitud de hacer algo diferente. Para que exista realmente es necesario que haya algún tipo de oputput, pero yo consideraré innovador algo que se haya hecho con la intención de ser diferente.
Sé que es una visión con muchas carencias y que plantea grandes interrogantes, pero hoy por hoy es la que más tranquilo me deja cuando termino de darle vueltas a estas cosas. Ya veremos mañana.

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