El lunes me acerqué a escuchar a Eduardo Manchón a una charla que tenía que dar en La Granja. No sólo por escucharle, sino sobre todo para hacerle de chófer y poder hablar un rato con él de cómo está viviendo su experiencia en Google.
Cuando acabó su exposición alguien del público le preguntó si se innovaba mejor en una piragüa o en un portaaviones, haciendo referencia a su aventura como emprendedor en Panoramio y a su actual trabajo en Google tras la adquisición.
Eduardo se quedó un momento pensando y dijo la palabra mágica…”depende”. La respuesta se extendió un poco y se regodeó en la metáfora pero lo que yo entendí es que no depende tanto del tamaño como de la actitud.
Lo que está claro es que desde uno y otro sitio el enfoque es diferente y el esfuerzo y la energía se dedican a cosas completamente distintas. Pero eso no implica que en organizaciones grandes no se pueda innovar.
Cuando hacemos formación para grandes compañías nos encuentramos con la sensación constante de que las grandes estructuras corporativas matan la innovación y que no hay nada que hacer al respecto. Una actitud un tanto derrotista que esconde en cierto modo el miedo al cambio individual. Para que algo cambie, algo tiene que cambiar. Esta perogrullada se pierde de vista constantemente, la gente espera que se produzcan cambios sin que nada cambie. Particularmente sin que ellos tengan que cambiar nada.
La gran diferencia entre la piragüa y el portaviones es que en la primera uno asume completamente su responsabilidad individual mientras que en un portaviones es relativamente sencillo pensar que no soy yo sino el sistema.
